Crónica fotográfica, paro y movilización en Cajamarca, Día 5

Lunes, 28 de noviembre, 2011

Más de 10 mil personas se movilizaron por las calles del centro de la ciudad de Cajamarca. Es el día en que el paro se ha sentido con mayor contundencia desde que se inició esta medida de fuerza. La representatividad social fue total, desde la Universidad Nacional de Cajamarca hasta la Asociación de transportistas, desde la Municipal provincial hasta los mercados, desde la Región hasta docentes, comerciantes y artistas aficionados.

Las protestas ya no iban solo contra Conga, ahora también contra el presidente Humala.





¿Por qué no declarar a la Laguna El Perol como patrimonio ecológico de la humanidad?

A estas alturas, la laguna El Perol, ubicada dentro de la concesión minera del Proyecto minero Conga, de Yanacocha, se está convirtiendo en un icono de la resistencia social y ecológica en el Perú y el mundo, en buena cuenta por la solidaridad y la velocidad con que la información llega a todas partes.

¿Cuándo un cerro se convierte en un Apu, y cuándo una laguna se convierte en una Cocha? Cuando los habitantes que han convivido con esa naturaleza lo deciden. ¿Alguien se atrevería a secar o “trasvasar” el lago Titicaca o el río Amazonas? Claro que no. Quizá tengan serios problemas de contaminación y deforestación por actividades humanas, pero igual siguen siendo entidades intangibles, por su importancia para las sociedades que las rodean.

Declarar a la laguna El Perol como patrimonio ecológico de la humanidad sería una buena forma de protegerla. No sólo por ser parte de un ciclo hidrológico de comprobada importancia, sino por formar parte del sentido vital y real maravilloso del hombre andino, por ser la mamá cocha, una entidad viva. Algo de lo que el ex presidente García se reiría a carcajadas, obviamente.

Convertir lagunas en profundos tajos abiertos, o utilizarlas como depósitos de toneladas de desmonte  sería un duro golpe a la identidad de cualquier grupo humano.

Dato curioso sobre el EIA de Conga, Cajamarca...

La empresa que hizo el EIA a Yanacocha para el Proyecto Conga se llama Knight Piésold Consulting: http://intranet2.minem.gob.pe/web/archivos/dgaam/inicio/resumen/RE_1963392.PDF


La curioso es que Minera Yanacocha es cliente de Knight Piésold Consulting desde 1994:http://www.knightpiesold.com/en/index.cfm/projects/mining/yanacocha-project/



La pregunta es válida, ¿por qué Knight Piésold Consulting (siendo cartera y cliente con Yanacocha) no encontró los vacíos que sí encontró el Ministro del Ambiente, Ricardo Gieseck, y que le hubiese significado una mejor relación en el factor de aprobación social? -> http://idl-reporteros.pe/2011/11/25/de-lagunas-a-desmontes/

¿No hubiese sido mejor que el EIA lo hiciera una entidad un poco más independiente? ¿Alguien tiene alguna teoría?

¿El regreso de la política del Perro del Hortelano?


¿Quién ganó finalmente, el Ollanta Humala de polo rojo o el de polo blanco? Ninguno. Ganó el de cuello y corbata. Una corbata que ya le está apretando a la hora de recordar sus promesas electorales.

El candidato Humala recorrió Áncash, Andahuaylas, Cajamarca y Tacna con un discurso confrontador contra la gran minería y en defensa del agua y el medio ambiente por sobre todo. Por supuesto que llegada la hora, esas promesas solo fueron eso, promesas y no hechos. ¿Tienen los ciudadanos el derecho de reclamarle al presidente que cumpla sus promesas? Sí. Como cuestión básica y por salud democrática.

Ahora, en sus más recientes declaraciones, Humala parece haber querido zafar cuerpo en relación a los conflictos socioambientales del interior del país, echándole la culpa a los gobiernos pasados, poniendo en el ring a las ‘fuerzas del orden’ versus el pueblo. Es cierto que todo se generó, oleó y sacramentó en las gestiones anteriores, pero acaso ¿no se eligió a Humala para cambiar eso? ¿Hubiese sido más sensato un Humala diciendo que no podría cambiar nada?

La gran transformación sí está ocurriendo, y es la de mismo presidente.

Las mutaciones en política son reales y generalmente progresivas. Cinco años, tres años, un año, pero ¿en cien días? Quizá un record. ¿Y cuál es el motivo? Las presiones. Pero, no necesariamente las de los grupos extremistas, como ahora le gusta llamar a los pobladores, sino las de los grupos económicos de poder. Claro  que eso no se llama presión, a lo mucho ‘negociación’: “si tal proyecto minero no va, olvídate de tu gravamen de 3 mil millones” (que realmente serían mil millones).

Se dice a menudo que tras las protestas ciudadanas hay oscuros y perversos intereses personales, políticos y económicos (puede ser). Lo genial es que las mineras, que esperan espectaculares ganancias de miles de millones de dólares a como dé lugar, nunca tienen intereses o poseen ingerencias económicas o políticas. A las mineras solo las mueve la filantropía, ¿no es así, Premier Lerner?

Humala parece haber olvidado que los grupos mineros hicieron la famosa “chanchita” para financiar el programa televisivo del periodista Jaime Bayly -desde Miami- para destazarlo públicamente cada domingo. O parece haber olvidado su feroz crítica a la ONG minera Reflexión Democrática que asesoraba políticamente a postulantes al Congreso. ¿Superar los rencores en nombre de la gobernabilidad? Genial.

Humala, ahora tiene dos nuevos amigos y al parecer, nuevos socios, Dionisio Romero y Roque Benavides, quienes lo aplauden congraciados por su nuevo ‘gran cambio’. ¿Algo de malo? No. El problema está en su repentina lejanía de quienes antes lo apoyaron, como presidentes regionales, alcaldes, frentes de defensa, rondas campesinas y urbanas, población, etc. Quienes le recuerdan el pasado y el presente con creativas slogan como: “¡Ollanta, amigo, vuelve al camino!”.

Y entonces, ¿quiénes deben encargarse de esa gente que reclama y que sale en el octavo bloque de los noticieros? Bueno, para eso están los ministros, para viajar a las zonas del  conflicto y encarar la realidad desnuda. El problema es que uno regresa a Lima en el avión privado de la minera; el otro, según Diario 16, tendría un conflicto de intereses ya que una de sus empresas asesora a la minera; y el otro ministro, en solitario, dice que el EIA (Estudia de Impacto Ambiental) del proyecto minero “no habría sido suficientemente exhaustivo en lo referido a la valoración de los bienes y servicios ambientales que presentan las lagunas”. ¿Entonces?

Durante la semana pasada, el presidente fue autor de una de las teorías más extrañas que haya planteado mandatario alguno: “no queremos reservorios, queremos lagunas modernas como en otros países”. ¿Qué significa una laguna moderna? Probablemente una con conexión a Internet, con agua mineral y peces robóticos. De otro modo no se entiende.

Humala se presentó con la izquierda, ganó la presidencia como convertido de centro, y ha empezado a gobernar con la derecha. Entonces, ¿encontrará un equilibrio entre todas las fuerzas que lo quieren asir como a un Túpac Amaru moderno? ¿Lo único que lo separará de Toledo será el apellido y de García el abdomen?

Como diría un campesino durante una de las protestas en Cajamarca: “Ollanta, por qué nos has abandonado”.

Crónica fotográfica, Cementerio de Trujillo 01 de noviembre

El verano asoma, el aire caliente y el polvo se asienta. En el cementerio general de Miraflores de la ciudad deTrujillo-Perú, la gente llega como cada primero de noviembre para recordar a sus muertos, buscar algo de paz o pasear simplemente.

 





Mitos sobre la conflictividad social

En Perú, tras la tragedia del ‘Baguazo’ en el 2009, los principales medios de prensa hicieron un mea culpa y hablaron de la necesidad de voltear la mirada “hacia dentro”. Hablaron, también, de inclusión social como de una nueva área en el organigrama de los medios de comunicación. Obviamente todo quedó en nada. En buena cuenta porque eso no daba, ni da, rating. Salvo cuando se producen más de cinco muertos en un enfrentamiento; entonces sí resulta relevante.

Los conflictos sociales, según las estadísticas, van en aumento. Y no parece existir una política de prevención o estrategia que estreche las distancias entre las realidades peruanas en choque. Esto, en parte, porque no se entiende a cabalidad la naturaleza de los conflictos, que en nuestro país, en buena cuenta, son conflictos socioambientales.
Uno de los mitos más comunes de estos fenómenos es que siempre el pueblo, la comunidad o el sindicato están del lado equivocado; pero nunca así la entidad mayúscula, la empresa o el Estado. Se percibe que el descontento es un sinónimo de la ignorancia de los peruanos que no saben valorar “las bondades” que viene a brindar la gran empresa, y que lo único que falló en esa convivencia fue la mala o tardía publicidad de los beneficios.
Pocos se detienen a analizar el porqué de los reclamos de las comunidades. Y más bien recurren a otro lugar común que dice que los ciudadanos no actúan solos, sino movidos como borregos por oscuros intereses personales y políticos de dirigentes en la sombra. Esta teoría se basa principalmente en la idea de que los protestantes carecen de capacidad de discernimiento sobre su propia realidad, en pocas palabras: no tienen inteligencia suficiente, y son además altamente influenciables por cualquier prédica violentista. ¿Cómo creen que toman las comunidades este análisis? Como un insulto, por supuesto. Consideran humillante que los etiqueten como un rebaño incapaz de conocer su propia realidad o las bonanzas ofrecidas. De allí que la gran prensa, y sus corresponsales sobre todo, no la pasen nada bien en las zonas en conflicto.
La prensa casi nunca suele cuestionarse sobre si los “oscuros intereses” también son propios de la gran empresa, que sí tiene millones en inversión y en futuras ganancias.

Entendiéndose que el pedido común de las corporaciones cuando hay algún conflicto es que el Estado actúe y restablezca el orden “a cualquier precio”. Entonces, ¿de qué lado hay más intransigencia?

Cierto es que hay muchos dirigentes políticos que buscan hacer su agosto con la ira popular, pero no lo podrían hacer si no existiera, en primer lugar, dicha ira.
Otra idea común es que para llegar a un acuerdo, incluso antes de instalar una mesa de diálogo, es necesario resolver el clima de tensión al mismo precio del costo; osea, desalojar el bloqueo de tal carretera tomada dando un “lección ejemplar”, “que no se vayan sin recibir su merecido”, porque de lo contrario se pone en riesgo la expectativa de nuevas inversiones. Y entonces llegan los gases, las balas y los lamentos para que luego todos pontifiquen sobre inclusión social, otra vez.

Tomar una carretera es un delito, se sabe. ¿Pero alguien se ha puesto a pensar si esos peruanos son locos que se sientan en medio de los caminos para boicotear el tan anhelado progreso? ¿Son los peruanos tan insensatos como para ponerle trabas al progreso y al desarrollo?

¿O será que ellos sí conocen a fondo su realidad y saben lo que es mejor o peor para ellos?

¿Alguien se animará a crear una maestría en periodismo en conflictos sociales?