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¿Museo o Casa de la Memoria?

En la ceremonia de entrega del terreno destinado al “Museo de la Memoria, el escritor Mario Vargas Llosa, presidente de la Comisión de Alto Nivel, señaló que el museo “no será una institución arqueológica destinada solo a preservar el pasado sino algo vivo y actual”, además de nombrar en reiteradas oportunidades a la iniciativa como “el Lugar de la Memoria”.

Coincidiendo con esta percepción el reconocido lingüista Luis Jaime Cisneros, en una de sus columnas en el diario La República comentó: “Quienes hemos visitado en Alemania campos de concentración hemos logrado interpretar, más tarde, el extraordinario mensaje de la exposición que nos ofreció la CVR en Chorrillos. Ahí en aquellos fríos campos alemanes podíamos vivir de modo distinto las noticias que en la prensa habían alimentado nuestra información. Lo vivido tenía otro sabor, otra vivencia. Por eso yo habría preferido reemplazar la palabra museo por ‘Casa de la Memoria’. Me garantiza una memoria vigente”.

La ‘memoria vigente’ de la que habla Cisneros es un objetivo difícil, sobre todo en un país que tiene como deporte nacional el olvido, la amnesia selectiva. Pero no por ello imposible. Está demostrado que los pueblos mejor educados, entiéndase con mayor y mejor inversión en el sector Educación, son menos proclives a repetir los errores del pasado. Por lo que resulta necesario que la futura Casa, Lugar o Espacio de la Memoria, sea un ítem vital para la nueva curricula nacional, no solo como un tour escolar, sino como necesaria investigación universitaria de acuerdo a la experiencia de cada realidad.

Por lo que para muchos la palabra “Museo” no representa lo que este proyecto “vivo” quiere generar en nuestra Memoria como país. Además, hay demasiados fantasmas aún. Mientras no se culminé con el tema de las reparaciones civiles y colectivas, mientras existan fosas ocultas, mientras los asesinos campeen en la impunidad, más que ‘Museo’ eso será una herida abierta: una casa que debamos construir desde los cimientos y con todas las ventanas y puertas abiertas.

¿Qué está pasando en Trujillo?

Lo que desde hace meses se comentaba en Trujillo como una leyenda urbana o un secreto a voces es ,a estas alturas, una investigación concreta. Y Ricardo Uceda, autor de Muerte en el pentagonito, ha realizado una excelente y extensa investigación periodística para la prestigiosa PODER 360º, sobre la guerra interna que se desarrolla en dicha ciudad entre diversos bandos :

"A los 13 años, el hoy coronel Elidio Espinoza comenzó a trabajar de vendedor de diarios en Chepén, donde nació, un pueblo a 100 kilómetros de Trujillo. En Lima se hizo guardia civil subalterno, y luego ingresó a la escuela de oficiales. Realizó, entre otros estudios especializados, el curso de comando en el Ejército, y desempeñó varios cargos de importancia en la policía antes de ser jefe del Escuadrón de Emergencia de la zona este de Trujillo. Allí fue cercano colaborador del hoy ministro del Interior Octavio Salazar, cuando en el 2006 este fue nombrado director de la Policía de La Libertad. Ese año el crecimiento económico de la región se hacía más evidente, y su delincuencia también. Salazar desarrolló una campaña de captura de bandas que dejó una impresión de eficacia. No es un secreto que Salazar, como policía, es también un buen relacionista público. “En todo caso –dijo un oficial– si su gestión producía como cinco, él veía la manera de presentarlo como diez, y esto cuenta tanto para las capturas como para las armas y bienes incautados”.

Durante la investigación para esta nota, que incluyó conversaciones confidenciales con policías en actividad y en el retiro, y entrevistas con personajes del círculo delictivo, entre otros informantes, se recogieron versiones de que una política de “limpieza social” empezó a ser concebida en la policía de Trujillo por entonces, aunque nadie aportó evidencias. Una fuente entregó una grabación en la que se escucha la conversación de un empresario trujillano con varias personas. El empresario dice haber recibido la visita de una autoridad de la policía a la que menciona por su nombre, para solicitarle apoyo económico destinado a financiar la eliminación de delincuentes. El dinero serviría para pagar a los confidentes que brindarían la ubicación de los objetivos.

Aunque la grabación es auténtica, el nombre del oficial no es difundido aquí porque fue obtenida sin consentimiento de los participantes y en sí misma no constituye una prueba. Por otra parte, en 2006, durante la gestión del general Salazar, no hubo muertes de delincuentes por enfrentamientos con la policía. La oleada mortal comienza a mediados del 2007, luego del D.L. 982, y abarca las gestiones de los generales Carlos León, hoy Inspector General, y Raúl Becerra, quien ejerce hasta la actualidad".

El reportaje completo AQUÍ.