BELLEZA SILVESTRE, el nuevo disco de Victoria Sur

"Entre los músicos argentinos que participaron en este álbum se destacan: Alejandro Oliva (percusionista de Pedro Aznar), Cheba Massolo (guitarrista de Kevin Johansen) y Claudio Cardone (tecladista de Spinetta). El pianista colombiano de jazz Nicolás Ospina también colaboró en un par de temas".


(Boletín)





Para los amigos peruanos que quieran saber quién es Victoria Sur, AQUÍ

Tierra y Libertad ya tiene las firmas para inscribirse en Cajamarca



Más información en la web de Enlace Nacional.

Jazz con clarín cajamarquino

En el 2008, el grupo Jazz Tri Continental, integrado por por el alemán Joscha Oetz, en el contrabajo, el peruano Javier Perez-Saco en el piano, y el neozelandés Steve Cournane en la batería, visitó Cajamarca para brindar uno de los recitales más impecables que haya visto esta ciudad.

Uno de los momentos especiales fue cuando Oscar Pajares, líder de la banda cajamarquina Ruido Negro, se incorporó a la sesión con el típico clarín cajamarquino para improvisar una arriesgada fusión. El resultado fue un éxito.

Al fin alguien subió el video:




La Vida con Dignidad Ontológica (3ra parte), Por Alíndor Luna Tello

PERSISTENCIA METAFÍSICA DE IBERICO

La actitud metafísica de Iberico –su vitalismo idealista- aparece reiterada y constantemente en la mayor parte de sus obras. Todo su pensamiento está profundamente penetrado de esta opción indagativa por la realidad última y substancial.

En Iberico la opción metafísica es reflexión y es vivencia; es idea y es sentimiento. Es una idea y sentimiento del ser y por ser, de la vida y por la vida. Bástenos, pues, para confirmar lo aseverado, analizar algunos aspectos de algunas de sus obras. Por ejemplo, en su colección de ensayos publicados con el nombre “Perspectivas sobre el Tema del Tiempo”, el autor deja traslucir su postura metafísica. “Igitur una simbólica de la nada” (cap. X.), “Es la interpretación –dice Miró Quesada- de un oscuro y poético cuento de Mallarme, que según el autor, simboliza la dialéctica del ser y la nada, y que expresa una mística diferente de las tradicionales: la fecundidad de la nada” (Francisco Miró Quesada, diario “EL Comercio”, Lima, Perú, 22 de febrero de 1959. p.5). En “La metafísica del canto en los sonetos a Orfeo de Rainer María Rilke” (CAP. XI), agrega Miró Quesada que “se sostiene la apasionante tesis de que, para Rilke, el canto es la experiencia poética fundamental y que es el fondo de donde todo brota y la invocación que llama al ser a la presencia. En los sonetos se descubre así una concepción metafísica del mundo, concepción que, aunque Iberico no la dice explícitamente, es, en el fondo, la suya. A través del método estético revela la sustancia de la poesía de Rilke, y llega a la conclusión de que la esencia del universo el canto, que es música, y que es tiempo pletórico de formas.” (Ibid, p.5). En el mismo ensayo, Iberico interpreta metafísicamente algunos versos de Rilke, de los cuales destacan dos:

1.- “Muchas estrellas esperan ser percibidas por ti”

2.- “Gesang is Dasein” (“El canto es existencia”).

Respecto del primer verso, Iberico afirma: “este verso… me parecía encerrar la idea de la vocación del ser hacia el aparecer y confirma la doctrina de que todo ser aparece, de que todo ser está hecho para la contemplación y de que así, en el fondo, todo cuanto existe aspira la transfiguración poética, y, como diría Holderlin, al himno.” (Ibid. p. 182). En el segundo verso, “El canto es existencia”, Iberico confiere un valor metafísico al vocablo canto: el “canto” adquiere dimensión metafísica. Escribe Iberico: “El canto sería el fondo de donde todo brota y a donde todo vuelve y al mismo tiempo la invocación que llama al ser a la presencia.

De todo lo cual resulta que en la expresión rilkeana se contiene un mensaje de sentido cósmico y que, por lo tanto, es legítimo ensayar una interpretación que busque en esa imagen los elementos y los temas de una concepción metafísica del mundo” (Ibid., p. 185). El canto rilkeano “simboliza la vida como infinita posibilidad de floración y transformación” (Ibid., p. 187). El “canto” simboliza asimismo, la muerte, la caducidad, el perecer; es una simbólica del ser en su lucha con el no ser. Afirma Iberico: “el canto es a la par celebración y lamentación es la vida que nace, fulge, se expande, llena y agranda el espacio, y es el acento fúnebre de lo que cae y muere, de lo que pasa y nos deja. Así el canto cubre e impregna la vida y la muerte, el dolor y el júbilo; es la voz del mundo; la vibración musical el todo.

“En su prodigiosa ambivalencia es el anuncio y la despedida, y en la propia jubilación de lo que nace, el lamento de lo que está destinado a la aniquilación y a la nada.” (Ibid., p. 186). “Y así, el canto, fondo sonoro del aparecer, al unir en sí el ser y el no ser, la vida, la muerte y la resurrección, en realidad es, ahora lo vemos con evidencia, la representación ontológica del todo como soplo, ritmo y cambio.” (Ibid., p. 187).

En “Notas sobre el Paisaje de la Sierra”, obra de indudable belleza artística, Iberico, ya sea explícita o implícitamente, encuentra motivo –además de inspiración poética- de indagación y reflexión metafísica. Pregunta por lo inasible, lo lejano, lo profundo. En su nota “La Sierra es nuestra región metafísica”, Iberico, a la vez que se interroga, afirma: “Si toda forma es expresión, si en toda imagen se contiene una vida, si en toda experiencia irradia un más allá, ¿Qué expresa la sierra, qué vida se contiene en la policromía de sus imágenes, que luz irradia en la luz de sus días y en la profunda sombra de sus noches?”. (Ob. cit., p.75). “La sierra es profunda, misteriosa, solemne,… De sus cerros abruptos, de sus cálidos valles, de sus bosques sombríos, de sus flores humildes, de su fauna pensativa y paciente, emana yo no sé qué mensaje impenetrable, yo no sé qué revelación de fuerza adolorida y grande.” (Ob. cit., p.75).

El “mensaje” y el “íntimo sentido” de la naturaleza, resultan incomprensibles e inexpresables para el foráneo visitante, no lo son –acaso- para el alma mística del habitante que “vivió ese paisaje y en el configuró su más íntimo sentimiento de la vida: el alma arcaica del indio. Porque hay entre el paisaje y la visión desprevenida e infantil del hombre primitivo una verdadera continuidad vital.” (Ibid., pp. 76 – 77).


(FINAL)

La Vida con Dignidad Ontológica (2da parte), Por Alíndor Luna Tello


Iberico, como todo idealista, no únicamente niega la dimensión ontológica de la materia, sino que además la subestima como aparecer. Esta franca postura antimaterialista se encuentra aún más acentuada en sus primeras obras, ya que va atenuándose a medida que evoluciona su pensamiento. En su obra “La Aparición”, Iberico, alejándose un tanto del irracionalismo vitalista bergsoniano, da muestras de mayor originalidad y madurez metafísica, pues supera y sustituye “la interpretación bergsoniana de la espacialidad como inercia material, -afirma Salazar Bondy-, por una concepción más rica y comprensiva del espacio real como una instancia solidaria del tiempo y poseedora de una conciencia ontológica positiva. “El tiempo –dice Iberico- impulsa la aparición del espacio y lo atraviesa; el espacio es la superficie del tiempo y lo manifiesta.” No hay oposición del espacio y del tiempo, ni degradación del tiempo en exterioridad, sino que, conforme al vínculo ontológico que une el ser y el aparecer, el tiempo da sentido al espacio y necesita de él para ser manifiesto. “Nadie puede tener la íntima experiencia del espacio si no vive en el tiempo. Ni la experiencia del tiempo, si no se asiste al renovado prodigio del aparecer que se da por modo necesario, en el espacio.

Con esta concepción se articula otra idea importante, quizá el más valioso resultado metafísico de la reflexión de Iberico y que significa un evidente progreso de la evolución filosófica: eso que podríamos llamar el rescate ontológica de la exterioridad…” (A. Salazar Bondy, Historia de las Ideas en el Perú Contemporáneo, p.264).

Unidad Dividida” de la Vida.- “La vida – escribe Iberico- es división, separación, pero es también irrompible unidad” (M, Iberico, La Unidad Dividida, p.5). La vida es “unidad dividida”. No es la unicidad indivisible, inmóvil, e inmutable del ser eleático; la vida es una realidad que cambia, se mueve y está manifiesta “división” y “separación”.


El devenir vital, sin embargo, no afecta, no contradice el carácter de eternidad y permanencia, considerados atributos consustanciales al absoluto ibericiano. La vida es devenir, pero es también permanencia y eternidad; es eternidad cambiante. “En este sentido –dice Iberico- la eternidad y la permanencia no se confunde ya en la fijeza inmutable de lo inanimado; resida en ésa como influencia musical que difunden los sucesos, las ideas, los hombres, y que, a través de variaciones innumerables, mantienen la continuidad interior de la vida. En el absoluto viviente el pasado subsiste, pero no como un resto arqueológico, sino como una resonancia incluida en el destino imprevisible del todo. Y en general en pasado, en presente y todos los momentos de la existencia son eternos y efímeros; permanentes y fugaces: ninguno se repite porque cada cual trae un mensaje único, pero todos quedan integrando la confidencia interminable del espíritu universal”. (M. Iberico, El nuevo Absoluto. pp. 229 – 230).


Los conceptos de “eternidad” y “permanencia” de que nos habla el filósofo, son muy sui generis, sin embargo, no son los mismos que se tienen de la realidad material física; son de índole vital: se resuelve en los conceptos bergsonianos de “duración” y “temporalidad vital”. Como muy bien sostiene Salazar Bondy, “del nuevo absoluto… hay que negar la inmovilidad pura, el acabamiento estéril del arquetipo, y, por ende, la perennidad y la conservación, pero hay que afirmar, por otra parte, la eternidad y la permanencia vitales” (Ibid. p.249).


La vida es un absoluto dinámico; es una unidad cambiante y múltiple: es una “unidad dividida”.


Creatividad libre de la vida.- Iberico afirma que la fuente vital del mundo – de naturaleza similar a la vida síquica- está en eterna evolución creadora, en devenir perpetuo, en fluencia espontánea libre, la vida es una posibilidad abierta a la realización, a la afirmación, a la expansión. La vida es “espontaneidad creadora”, y es fuerza dinámica ascendente que genera, hace y crea todo, de manera imprevisible. La libertad es connatural a la “corriente vital”, la misma que fluye y se despliega en una ininterrumpida y permanente creatividad. Esta posibilidad creadora y libre de la vida es infinita. “Todo es posible –dice Iberico- todo se crea por el esfuerzo inagotable de la vida, cuya llama alimenta los espíritus libres”.


A la acción creadora de la “fluidez vital” –que algo crea a cada instante en el universo- se suman los “espíritus libres”, hombres que transitan el mundo es pos de trascender. Tal sería el caso del artista, como del poeta, del religioso; sobre todo, del místico.


RELACIÓN DICOTÓMICA: SER – APARECER

La posición adoptada por Mariano Iberico en el establecimiento de la relación entre el ser y el aparecer, entre la cosa en sí y el fenómeno, es básico, y de un valor clave para una mejor comprensión de su meditación filosófica. El Ser es concebido como la realidad fundamental, como lo existente en sí y por sí, como lo más universal; el Aparecer es considerado como la manifestación, la concreción y la realización del ser. Entre ser y aparecer hay un ligamen irrompible. Ser y aparecer conforman una “unidad dividida”. Dice el autor: “la extensión universalísima de la quididad del ser, la imposibilidad del ser, la imposibilidad de cristalizarlo como un objeto real existente entre otros objetos, nos lleva a esta conclusión en que se resumen a nuestro juicio al investigación platónica y, en general, toda investigación sobre la naturaleza del ser: ningún ser es únicamente, todo ser es, y además es de algún modo, de alguna manera. Se constituye y, por decirlo así, se actualiza en alguna forma.” (M.Iberico, La Aparición, pp. 144, 145). Respecto del aparecer, escribe Iberico, “es la zona de la vida en que lo interno y lo externo se interpenetran y confunden” (Ibid, p.17). La unión indisoluble entre ser y aparecer, también se destaca en juicios como estos: “El ser es manifestación, la existencia es presencia, decir, aparecer” (M. Iberico, Perspectivas sobre el Tema del Tiempo, p.192). El ser contiene al aparecer, el aparecer contiene al ser. El ser, a través del aparecer, se desarrolla, se despliega y se explicita. “Es lo que discurre, y lo que discurre es” (M. Iberico, La Aparición. p.145). Ser y aparecer no están separados en dos instancias autónomas y autosuficientes; son aspectos interdependientes y complementarios. Entre ambos se entabla una tensión vital permanentemente renovable, “tensión en que la profundidad es el sentido de la superficie y la superficie es el lenguaje y la epifanía de la profundidad”. (Ibid. p.180). La tensión vital vendría a ser algo como un puente de unión entre el ser y el aparecer, o, más precisamente hablando, es la fuerza dialéctica “que al par que los opone, los une” (Ibid., pp. 223 – 224). El filósofo agrega: “El verdadero sentido de la realidad es procesión y retorno, algo así como flujo y reflujo que va del ser al aparecer y de este a aquel.” (Ibid. pp. 223 – 224).


Iberico, al establecer la relación dicotómica ser – aparecer, no cae en una posición metafísica negligente e incapaz de explicar la realidad fenoménica, pues, la metafísica ibericiana responde muy bien a las exigencias señaladas para toda metafísica estricta, formuladas por el filósofo argentino Francisco Romero.

Para dicho pensador, “una metafísica incapaz de dar cuenta del fenómeno, es una metafísica trunca y fracasada, porque, el fenómeno es un fenómeno de la realidad en sí, especial manifestación suya y no un mundo autónomo. “ Romero sostiene, además, que “cuando se descuida proponer un nexo legítimo entre ambos órdenes y más naturalmente cuando la índole de la tesis metafísica impide hallar tal vínculo, queda entreabierta la puerta para que por ella se deslicen demiurgos y otros entes por el estilo, más propios de la imaginación oriental que del parco pensamiento occidental”. (F. Romero, El Hombre y la Cultura. p.141). Por este camino, Iberico salva su pensamiento metafísico de todo exclusivismo, por una u otra de estas dimensiones categoriales, vale decir, por el ser o el aparecer. En la concepción de Iberico, ambas realidades se “interpenetran” y se contienen. “Todo aparecer – afirma Iberico- expresa o dice relación al ser.” (M. Iberico, Perspectivas sobre el Tema del Tiempo).



(SIGUE...)


La Vida con Dignidad Ontológica (1ra parte), Por Alíndor Luna Tello

LA REFLEXIÓN ONTOLÓGICA DE MARIANO IBERICO

Por Mg. Alíndor Luna Tello

Esquema: Tesis Ontológica: Vitalismo Idealista

- La Vida como categoría Ontológica

- La Vida y sus Atributos Esenciales

· Idealidad

· “Unidad – dividida”

· Creatividad libre

-Relación dicotómica: Ser - Aparecer

-Persistencia metafísica

LA VIDA COMO CATEGORÍA ONTOLÓGICA

Mariano Iberico es un filósofo de la “Vida”, o de lo que el mismo denomina “Corriente Vital”, o “Elan Vital”. Pues, su actitud meditativa y su vivencial preocupación metafísica u ontológica, tuvieron siempre como tema cardinal y medular, el tema de la vida.


La vida, en Iberico, es lei motiv y fuente inspiradora incontestable de su pensamiento y de su obra. Desde el comienzo hasta el final de su honda, sentida y apasionada meditación, la vida, se ofrece para el filósofo cajamarquino, como manantial inagotable, rico y fecundo en insinuaciones y sugestiones para la multilateral aprehensión cognoscitivo – reflexiva.


La vida –con dignidad ontológica- es sublime y excelsa; diríase que es algo así como la suprema tentación del filósofo, del científico, del poeta, del místico, y, en fin, del hombre que indaga y busca una explicación valedera a su ser vital-existencial.


¿Qué es la vida para Iberico?


¿Es, en verdad puramente biológica, o es una instancia metafísica?


La vida que concibe Iberico no es pura y exclusivamente la vida bio - síquica, real y concreta, la misma que por su carácter particular, no vendría a ser sino manifestación y expresión de una vida más genérica, universal, cósmica, abstracta y absoluta, de naturaleza esencialmente espiritual, ideal en eterno devenir que se despliega fluídica, libre y espontánea en toda la infinitud cósmica, dando origen, consistencia, esencia y forma a la diversidad fenoménica. La vida síquica –sobre todo la conciencia-, en la consideración de Iberico, se constituye en una instancia representativa, por excelencia, de la “Corriente Vital”, del “Elan Vital”. Conociendo la vida de la conciencia, podemos conocer la naturaleza de la vida universal. “Debemos profundizar – dice Iberico- en la propia conciencia que, con las demás conciencias individuales, representa una diversificación de la corriente vital” (M, Iberico, Una Filosofía Estética, p.91).


Así, pues, para Iberico, la vida es, por un lado, vida bio – síquica, y por otro lado, no es ella. Es algo más. Se trata por una parte, de la vida tomada stricto sensu, vida concreta, vida física; por otra parte se trata de la vida tomada latus sensu, vida abstracta, vida metafísica. La vida tiene para Iberico un valor metafísico: es una entidad real y simbólica. Es algo así como el “agua” de Thales, como el “aire” de Anaxímedes, o como el “fuego” de Heráclito. Agua, aire y fuego, que siendo entidades concretas, materiales y por lo tanto reales, adquieren en la consideración de los pensadores pre-socráticos, un carácter general y abstracto. De instancias físicas, ellas pasan a ser instancias metafísicas. La vida, en la reflexión de Iberico, corre similar suerte. Sin embargo, se diferencia de la reflexión pre-socrática, porque los filósofos griegos, en su proceso de absolutización de entidades materiales, no las despojaron de su esencialidad constitutiva, cual es su materialidad, constituyéndose de ese modo, en los fundadores de una ontología materialista. En cambio, Iberico, al absolutizar la vida concreta, la mutila y la despoja de su base real, física y material, desembocando en una postura idealista.


La “Vida”, tal como la concibe Iberico, viene a ser en síntesis una CATEGORÍA ONTOLÓGICA, UNA INSTANCIA METAFÍSICA. Es razón universal del mundo natural, del mundo social, del hombre y de la conciencia misma. Es, por decirlo así, fuente originaria, causa generatriz y madre procreadora de todas las causas. La vida sería como “… un fondo de donde todo brota y a donde todo vuelve.” La vida metafísica da cuenta de toda la individualización, diversa, multiforme y cambiante. La vida, por dignidad ontológica, es origen de todo, está en todo, y es todo.


La tesis metafísica que postula Iberico es un VITALISMO IDEALISTA: es vitalista, porque abstractivamente eleva a la Vida a la categoría suprema de SER; es idealista, por atribuir a este principio ontológico el carácter de idea, de espíritu, de inmaterialidad, y por considerarlo, en última instancia, no sometido a las leyes que rigen el mundo físico.


LA VIDA Y SUS ATRIBUTOS ESENCIALES

La “vida” como “absoluto”, como entidad subyacente, allende la multiplicidad, tiene sus atributos inconfundibles, de los cuales –anotamos- los más esenciales son: Idealidad, Unidad Dividida y Creatividad Libre.


Idealidad de la vida.- Tal como afirmamos en líneas anteriores, la vida metafísica concebida por Iberico es de índole espiritual, inmaterial, divina; es el “Elan Vital” bergsoninano. La vida no es otra cosa que pura espiritualidad, y es espiritualidad omnicomprensiva. “El espíritu –afirma- Iberico es todo; el único enigma y la única clave.” (M.Iberico. “La Intuición Estética”, en Una Filosofía Estética, p. 121). Como sostiene Salazar Bondy: “Lo existente, pues, es el espíritu. El vitalismo se consuma así en un idealismo del espíritu”. El impulso vital –el único que existe realmente- se hace ostensible en todo, en los procesos y fenómenos del mundo y en los actos del hombre. “Nosotros creemos –agrega Iberico- que el espíritu es todo: sujeto, objeto, teoría y práctica; pero dentro de sí mismo el espíritu efectúa dos movimientos inversos: uno hacia la solidificación de la fluidez vital, el cual crea la exterioridad; y otro que tiende a recoger nuevamente todo el contenido disperso de la experiencia para reincorporarlo en la entidad cambiante y fecunda de donde ha salido”. (Ibid. p.131).


Cabría preguntar: ¿Si el espíritu es todo, cómo se explica la existencia y la presencia de la materia? ¿Cuál es la génesis de la materia, de la “exterioridad”? En el mismo texto que antecede, Iberico da cuenta de este problema, cuando afirma que el espíritu efectúa dentro de sí dos movimientos inversos, “…uno hacia la solidificación de la fluidez vital, el cual crea la exterioridad…” (el subrayado es nuestro). La génesis de la materia – según Iberico- es la misma que postula Bergson: es una “génesis ideal de la materia”. La materia, que es “exterioridad”, vendría a ser espíritu solidificado, vida exteriorizada y especializada. La génesis de la materia entonces, la encontramos en la existencia de la contradicción dialéctica inmanente a la vida, al “Elan Vital”, al “Ser”. La materia es resultado necesario del devenir eterno y consustantivo a la vida absoluta, vale decir a la vida metafísica. La vida que es espíritu, realidad vital en constante devenir, en eterno dinamismo creador, engendra su propio gran obstáculo, o, como diría Salazar Bondy, “su mortal contrapartida”, la materia.


De este modo, la materia resulta ser una fuerza contraria, negativa a la plena realización del espíritu, de la vida, que pugna por expandirse, por afirmarse, por que es “inquietud”, “juventud”, “libertad”; en cambio, la materia es “inercia”, “indiferencia”, “necesidad”. Afirma Iberico: “La vida es libertad, la materia es necesidad; la vida es juventud y actividad, la materia es indiferente. Libertad, juventud, inquietudes que pugnan en el fondo del espíritu individual dando origen a todos aquellos conflictos en que, por una parte, tiende a afirmarse y expandirse la vida, mientras por la otra, la materialidad invasora trata de acumular sus sedimentos sobre la espontaneidad creadora de la conciencia”. (M.Iberico, Una Filosofía Estética, p.92). La materia, por tanto, es resistencia al despliegue libre de la vida, es detención potencial o posible del impulso vital, es interrupción de la tensión vital, es dispersión de vida. La vida y la materia están en una relación contradictoria: la vida es un movimiento hacia delante, la materia es un movimiento hacia atrás, o, como diría Bergson: “La vida es un esfuerzo para ascender por la pendiente por la que baja la materia.” Respecto a este punto, Salazar Bondy afirma: “Pero materia y espíritu no son dos instancias separadas en la conciencia y en el cosmos. En aquella como en éste la realidad es una. Esta realidad no puede ser sino la positividad del universo, es decir, la vida, frente a la cual la materia es una decantación, un producto de decadencia y parálisis. El universo en verdad no mira hacia atrás, no vuelve la vista en el proceso de la evolución sino que se nutre y se afirma en el ascenso hacia lo inédito y multiforme de la vida renovada. Lo existente, pues, es el espíritu. “(A. Salazar Bondy, Historia de las Ideas en el Perú Contemporáneo. p. 244)


(...sigue)

Los últimos jugadores de las Pampas de Argentina en Cajamarca



Ni tan pampas ni tan argentinas

Por Alan Luna

Una de las características principales del “júlbol” peruano es la informalidad. Y es obvio que el deporte cajamarquino no escapa a dicha constante. Característica que, sin embargo, no detalla en toda su dimensión la naturaleza del desfogue dominical de decenas de peloteros de toda laya.


El hombre común y corriente no puede quedar frustrado y relegado a mirar por TV el deporte de sus amores. Con el que creció y con el que, de hecho, envejecerá. No puede quedar como un sediento espectador - aunque haría bien ese favor - y terminar la semana con el estrés de haber trabajado duro o de no haber hecho nada. Entonces, el deportista cajamarquino pone en práctica un rito que no ha cambiado mucho desde la época de las cavernas: un consejo gregario.


Amanece en fin de semana, y el hombre tiene listos todos sus implementos deportivos en un lugar estratégico: cualquier rincón. No importa que estos implementos estén percudidos, parchados, reparchados, hagan combinación de dos marcas, sean prestados, rediseñados con tijera, radiactivamente fosforescentes, lujosamente anticuados, o incluso nuevos. No importa. Todos juegan.


Luego de la implementación guerrera, el hombre se comunica con su tribu, ya sea por señales de humo, silbidos o mensajes de texto. Entonces, y a medida que se baja por la ciudad, el grupo va creciendo en variedad: altos, bajos, gordos y flacos; y todo queda listo, o casi listo, a la entrada del más grande complejo recreativo natural y gratuito de la ciudad, Las pampas de Argentina. Claro que en lo de disciplinas deportivas solo tiene de pampas y nada de argentinas.


“¿Apuesta? Un sol nomá pe, pa que quede pa la revancha. ¿Partido partido? Ya, listo”. Pero ese no es el precio unitario del sudor. Los más tigres -y tíos- se la juegan a dos soles y arman la tría y la cuadra. Aunque también se ha oído rumores -aclarando que son solo rumores- que las apuestas han ascendido a las impares y kamikazes cifras de tres y cinco soles. Vaya usted a saber.


El progreso, que no es lo mismo que “buen gusto”, se impone sobre los arrabales. En este caso, tierra, pencas y hierba. Y los espacios se van reduciendo domingo a domingo (nota: por supuesto que hay gente que juega los sábados). Todo suma en aislar a los últimos jugadores de la nueva década del 2000, en espacios cada vez menores. El agua, el barro, las construcciones, los fierros, las fosas, los montículos, las cercas, etc., todo contribuye.


El nuevo proyecto que sofisticará las viejas pampas, y que incluye -según lo previsto- canchas sintéticas, aún tiene para largo. Mientras tanto, un raza que practica el atletismo disfuncional de reventarse las canillas por la gloria de una victoria comunitaria, se pisa los pies por ganarse –tempranito- un pedazo de territorio plano, cada vez menos posible.






Flores para el inicio y el final (Cementerio de Cajamarca)



Por Alan Luna

Dice una leyenda urbana que si le regalas flores de cementerio a una mujer, inevitablemente le irá mal. La misma leyenda dice que el aroma de las flores alimenta el olfato relativo de los muertos. Lo que no dice es que las flores que se venden en las afueras del cementerio están más baratas que en cualquier florería del centro de la ciudad.


La muerte es un negocio, se sabe, o mejor dicho toda su parafernalia. Y los que cubren ese “nicho” comercial y esa estética del duelo son productores indiferentes a la superstición: desde las señoras que humedecen con spray sus atados de flores hasta los albañiles que construyen pabellones para el reposo horizontal.


Según el inventario, un cementerio amplio y pobre. Una división entre mausoleos y cruces clavadas sobre montículos de tierra. Un santo popular fusilado durante el gobierno militar de Velasco. Coronas y algunos huesos secándose entre las lápidas. Velas inclinadas. Lagartijas al sol. Y mucho silencio.