Aguante, Vallejo




Eloy Jáuregui le pone el alto al mitómano de Coyné en su columna del diario La República:

"César Vallejo, el peruano universal de este y el otro siglo, otra vez está preso, ahora por pendejo. André Coyné, francés de 81 años. De profesión: peruanista. De afición: husmeador. Este Coyné responde a la entrevista de El Dominical (22 de junio del 2008), que Vallejo vivió en París con plata de la madre de una Georgette de 15 años y que esa señora era una "cocotte" (dama de vida licenciosa) que en su casa –donde se metió a vivir Vallejo con la niña– había dos jarrones chinos de la dinastía Ming. Aclara Coyné que con la poca plata que recibía Vallejo por crónicas enviadas a Variedades y El Comercio se iba de copas con Alfonso de Silva y que una vez, borracho, se llevó los jarrones chinos y los empeñó con otros borrachines. Todo un pendejo y proxeneta.

Dice más Coyné de Vallejo, que no repito por aseo. Lo ruin de esta entrevista es que el director del diario Correo, a quien no lo nombro también por higiene, celebra en su columna (lunes 23 de junio del 2008) "Historia de Vallejo" lo dicho por Coyné. Y le da duro. Que Vallejo era pobre por flojo. Que lo botaban de trabajos por beodo. "Vallejo vivía de su mujer, de algunas crónicas que mandaba al Perú y de su labor como agente del gobierno comunista ruso", asegura este sujeto, más que reaccionario, aún personaje de la plutocracia y dueño de una energía oligarca, torpe, inepta, incapaz y cavernaria.

Darle importancia a Coyné, un anciano atacado por la aguja de la demencia senil, es magalizar la vida del más grande poeta del Perú. Vallejo, señores... ¡Un lujo, huevas! Coyné es escandaloso hormonal. Ya se reclamaba la legítima viuda del poeta César Moro: "Yo fui su único amante ilustrado, los otros eran soldados o policías". ¿Quién, Coyné? Sí señora, el mismo que acusó a Haya de la Torre de "acompañarlo a bares de muchachitos", como le confesó al periodista Ramón Azabache hace poco en Trujillo.

Para algunos, hablar mal o bien de los muertos es negocio. Cagar a Alfonso Ugarte o a Grau es de los "vivos". ¡Vaya deporte peruano, ni el fútbol! Ser imbéciles no genéticos, un hallazgo. Resumo: los derechistas y los homofóbicos no saben de la decencia ni de la ternura. ¡Sonsos! Vallejo, ‘el pendejo’, no los dejará en paz."

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