"Volando alto", por César Hildebrandt




Por César Hildebrandt:

Como estamos saliendo de la pobreza con la bota de siete suelas que Nicolás de Bari Hermoza Ríos le prestó al almirante Giampietri, y como vamos al galope hacia el primer mundo, y dado que las olimpiadas del 2020 no se nos escapan, entonces la oficial Agencia Andina de Noticias nos anunció el día de ayer que los peruanos ya pueden visitar el espacio por el módico precio de 580 mil soles por asiento (unos doscientos mil dólares).
La primicia fue dada originalmente en un programa noticioso de Canal 7, la televisión estatal, de modo que a este columnista no le cabe duda de que el doctor Alan García ha intervenido directamente en el asunto de su difusión. Así de ecuménico y optimista anda el grande y querido líder de esta Corea neocon que es el Perú.
De hecho, la directora de la agencia de viajes que vende esos cosmoboletos, la señorita Rosario Flórez, dijo que este tipo de turismo estaba sólo reservado para la gente rica del primer mundo pero que ahora servicio tan exquisito puede aterrizar en el Perú “porque somos vistos con muy buenos ojos por la comunidad internacional gracias a nuestro crecimiento sostenido”.
Gracias al liderazgo precisamente estelar del doctor García y al rumbo de ese copiloto de la NASA que se hace llamar Luis Carranza, decolamos de la pista de algún cono y nos dirigimos en rumbo turbo al limbo donde todos comen con corbata y nacen herederos y mueren asistidos. O sea, el primer mundo. Es cierto que en el camino tenemos que solucionar algunos problemas menores –detalles, se diría– pero el rumbo fijado es el correcto y eso está probado porque lo dice Bush, que tanto ha hecho por la economía de su país (me refiero a Irak), y lo dice PPK, que tanto ha hecho por la economía de su país (es decir, Estados Unidos), y lo confirma la UPC, la IPC, la RPP y hasta la Unifé.
¿Quiénes están en contra de esta navegación? ¿Acaso que más del 65% de peruanos desapruebe al gobierno significa algo? ¿Qué pasaría si hiciéramos de la democracia un régimen en el que las mayorías prevalecieran?
A la primera pregunta es muy fácil responder: están en contra de la capitanía colombina del doctor García sólo los desadaptados y los deprimidos, los locutores de Radio San Borja de las 9 de la mañana y los aguafiestas que no tienen ni el TV a colores.
¿Que el 65% de peruanos se opone? ¿Pero no es cierto que esa misma mayoría de peruanos rechazó a Bolívar hace dos siglos y a Billinghurst hace casi uno? Y entonces vamos a la tercera interrogante: si las mayorías prevalecieran, ¿acaso no habría ganado Haya de la Torre las elecciones de 1962, las que, en efecto, ganó y que por eso mismo tuvieron que ser abolidas y repetidas bajo control un año más tarde? Si la democracia fuese el gobierno de las mayorías, Ollanta Humala sería ahora presidente de la República. Y esa tragedia cívico-patriótica, ¿adónde nos habría conducido? ¡Al golpe de Estado de la Confiep y la inversión chilena! Es decir, si hubiésemos respetado la democracia como sistema de mayorías, ya no tendríamos democracia. Como no hicimos eso, podemos conservar la democracia que jamás podremos tolerar a plenitud. Si la democracia fuese el engendro populista que el centro-izquierda imagina, ¿la televisión podría estar en manos de Baruch Ivcher, la radio en las zarpas del fascista Zavala, la gran prensa en poder de quienes compraron Canal 4 con un préstamo avalado por Alan García? ¿Es que no lo entienden, papanatas?
Pero volviendo a lo nuestro, que es un tema tan dominical. Si usted es uno de esos millones de peruanos que aparecen con cara de orgasmo en el programa de la Chichi y tiene un sencillo de doscientos mil dólares que le sobren, no se compre un Audi con vibradores ni un vibrador con GPS. Cómprese un boleto donde Rosario Flórez, que tiene la franquicia de “Virgin Galactic”. Al final de los breves trámites, que incluyen un examen médico, se sentará en uno de los seis asientos del transbordador civil “White Knight 2”, cuyas ventanas panorámicas le permitirán una vista astronáutica del planeta Tierra. El vuelo durará dos horas pero la experiencia será para toda la vida. Y desde el espacio extremo quizás vea a la poderosa “Enterprise” del doctor García batiendo marcas de velocidad. El señor Spock está a su lado. Las Olimpiadas 2020 son nuestras.

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