Hay un dolor tan Arguedas, hermanos...

Este fin de semana me sirvió de mucho. Entre otras cosas, y básicamente, para reconciliarme con Arguedas. Nunca pude leer a Arguedas, nunca pude entenderlo, nunca pude traspasar esa barrera que yo mismo me puse. El sentimiento de antipatía a su literatura nació en la época de Colegio, cuando creo consideraba a todos los escritores que nos recomendaba la educación convencional como aburridos e indigestantes, siendo los únicos que se salvaban mi amigo César Vallejo, y el norteamericano Allan POE(obviamente nunca recomendado).
Pasó largo tiempo antes de que tomará una novela en serio, hasta que ocurrió, y ésta fue una de las más tristes que he leído hasta ahora: "El Zorro de arriba y el zorro de abajo", una novela compleja y visceral en su parte artística, y matizada con las cartas-diario del escritor en donde describe los pasos que da su vida antes de abordar el salto final, el del suicidio. Quien lea estas cartas terminará sintiendo un obligado peso de nostalgia, y entenderá mejor algunas cosas del mundo, y se confundirá y adoptará otras. Espero que pocos tomen la literatura de Arguedas como un simple psicoanálisis liberador, sino como debió ser en su real dimensión: un testimonio sensato que intentó cambiar el mundo, al menos el del propio escritor.

(Alan Luna)

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