Cuando el amor se vuelve una guerra civil

Por Alan Luna


Cuando el amor se vuelve una guerra civil es mejor abandonar el barco sin rozar la proa. Cuando el matrimonio se convierte en una productora multifuncional de niños para el psicoterapeuta es necesario exiliarse de la manera más profesional para evitar daños colaterales. Cuando las relaciones no tienen su Waterloo piadoso, o su Sahara ardiente, es mejor sacar los alfileres vudú del corazón y retirarse a la Meca de la libertad. Pero eso sí - y de hecho- nadie saldrá ileso. Nadie podrá hacerlo.


Entonces te colgarás un rosario de canciones cursis en el cuello para espantar ilusiones. Porque creerás que, en relación inversa, éstas serán más devastadoras progresivamente. Y -ojo- que se entienda que ésta no es una receta exclusiva de la culinaria femenina. Se ha visto a chefs llorar con una cebolla. Y se ha visto a King Kong doblegado ante un bolerazo efectivo (casi ilegal) de Agustín Lara.


Pero, empezando por el principio (lugar común), el amor no nos cayó del cielo (cuestiones dialécticas), sino nos subió por las rodillas, entiéndase: el celo.


En algún extraño y maravilloso momento de la evolución se fusionaron dos culebras de una misma cabeza: la agitación hormonal, perpetuadora de la especie, y la costumbre “redescubierta” por algún miembro de la tribu. Y no se sabe en qué momento, y los escáneres sobre la momia no podrán determinarlo, alguien murió de amor por primera vez.


Así que explicarlo sería entrar en un juego de infinitas trampas. No queda de otra que avanzar. Aunque sea en círculos. Avanzar.


Claro que podemos definir las cosas por sus clichés. Y asumir que el desamor (de forma superficial y televisiva, obviamente) se puede comparar con el luto en su parafernalia. Hemos visto a funcionarios públicos ir a sus oficinas y sonreir a todos, pero con el corazón roto en veinte pedazos en un compartimiento de su maletín James Bond. Digamos que en ese sentido todos sí somos iguales bajo el sol. No habrá doctorado, chaleco, ni suero que te acompañe en el trance más espinoso. Y si es cierto que un clavo saca otro clavo, alguien debería repartirlos piadosamente, o Woody Allen inventar otro orgasmatrón para los que quieran anestesiarse felizmente por un par de años. O quizá, y sólo es una idea creativa, la criogenización como alternativa.


Rehusándose este breve tema, con vida propia, a morir mal… podemos resumir la historieta en algunas certezas (bastante huachafas, dicho sea de paso). Para muestra: siempre te recordaré, el tiempo cura las heridas, hay muchos peces en el mar, si tú eres feliz yo soy feliz, ya encontrarás a alguien que te valore, lo nuestro es especial, eres mi alma gemela, te quiero sólo como amigo, a nadie amaré como a ti, no quiero ilusionarme, pero podemos seguir viéndonos, te bajaré las estrellas,…hasta que la muerte nos separe, etc., etc., y un etc. más.


Article written by AUTHOR_NAME

WRITE_ABOUT_YOURSELF

2 comentarios:

Jeanina dijo...

El amor es como un mar salvaje, cuando lo buscas se aleja y cuando menos lo esperas te atrapa con fuerza.
Todavía no estoy lista para una relación, estoy confundida, tengo que estudiar, mi papá no me deja tener enamorado, no quisiera arruinar nuestra amistad, cuando me necesites llámame, siempre estaré ahí para ti, tengo que encontrarme, te veo como un hermano, no somos compatibles, no eres tu soy yo, estoy vulnerable...hay más!!

Alan Luna dijo...

Cierto, y todo va por un mismo hemisferio cerebral, Já.
Ahora, la cuestión es si lo "voluble" va más por el lado masculino o femenino.

Saludos